SíGUEME

jueves, 5 de abril de 2012

REVISTA GUATINí Nro 91, Año IV (Síntesis)

Revista GUATINí


REVISTA GUATINí Nro 91, Año ◄ Abrir


VIAJE A LAS RAÍCES DE LA MEMORIA
Por Ernesto R. del Valle
(Fotos del autor)
Diez años después regreso a Dominicana, a respirar su aire limpio venido del sur del Caribe, percibo en la distancia pedazos de  su geografía citadina, escucho el ritmo cadencioso de la Bachata, pleno de esa fuerza telúrica y avasallante que riega todos los sentidos, con otro arraigo, otros matices mucho más cercanos y sensuales a como se escucha en Miami. Las calles y su gente, las calles y ese tráfico apabullante, descarado, violador de todas las normas civilizadas, pero "no pasa na, pana" todo se resuelve con la paciencia y la destreza que impone el chófer del vehículo para salir de los embotellamientos, el holgorio y el tumulto.
Diez años sin sentir ese hormigueo intrigante de la adrenalina en el fondo del ombligo, cundo te montas en un concho o en unavoladora cuando a una velocidad no permitida y en zigzagueos de pesadilla van desplazándose por entre los demás vehículos en una fiesta increíble de cláxones y gritos amenazadores.
Diez años divorciado de este vocerío extremo. Volver a  esta acendrada manía de envolverme en lo mágico de sus calles adoquinadas, sus casas abalaustradas y balcones floreados de la calle Las Damas en la Zona Colonial o de la apabullante realidad de su gente fiestera y dócil o seria y violenta. Asomarme sorprendido a  El Alcázar de Colón o al Palacio Virreinal de Don Diego Colón  edificio que alberga hoy el Museo Alcázar de Colón situado en una amplia plazoleta.   Testigo del pasado colonial del país, fue construido en un solar sobre los farallones que miran hacia el río Ozama, concedido a don Diego Colón, hijo primogénito del descubridor de América, Cristóbal Colón, por el rey Fernando el Católico, para que edificara una morada para él y sus descendientes durante su estancia en esta isla, a la cual llegó en 1509 en calidad de gobernador. 
Leer en uno de los tantos diarios de la capital cómo el machismo en la Rep. Dominicana ha causado más de 50 mujeres asesinadas en lo que va de año, es una cuestión que pone a esta media Isla y a sus gobernantes en un incómodo lugar frente a los demás países del área.



PEDRO MIR (Sto. Domingo. Rep. Dominicana)




LA VIDA MANDA QUE PUEBLE ESTOS 
CAMINOS
(Fragmentos finales)
Estos viejos caminos cruzan las horas
largas, vienen hacia los hombres, los vuelven
amargos, los hacen madurar en ácida
madurez de fruta cálida y agreste,
y a veces les distribuyen horizontes
rojos de espinas y amapolas rebeldes.(...)


Entrevista (Especial para GUATINí

El Dr. Manuel Matos Moquete narra y razona sus andanzas por la Literatura

El escritor del sur dominicano habla de sus inicios literarios, Sus libros y miedos permanentes.

 Por Ernesto R. del Valle

Tengo delante de mí, luego de varias invitaciones a esta conversación, al narrador e investigador dominicano, Dr. Manuel Matos Moquete, una persona singular en la cotidianidad Universitaria y Literaria de República Dominicana. Una voz plena de conceptos y análisis al que acuden muchos en busca de referencias sobre el tema.  Nació en Tamayo el 6 de abril de 1944. Poeta, novelista, ensayista, crítico literario y educador. Recibió la primera instrucción en su pueblo natal. Tiene un doctorado en Literatura General de la Universidad de París VIII (1981) Fue profesor de literatura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Dirige la Facultad de Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo y el programa de maestría en Lingüística de la misma Institución. Es, además, Consultor de Currículum del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En 1983 obtuvo en Premio Nacional de Novela con su obra En el Atascadero y en 1991 el Premio de Ensayo de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña con El discurso teórico en la Literatura en América Hispana.
  

   



Franklin Mieses Burgos (Rep. Dominicana 1907-1976)






Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.

Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.(...)



"Nuestra América, teatro enorme y oscuro, deja perder en la sombra sus mejores vidas".
                                                                                                                        Pedro Henríquez Ureña

No hay comentarios:

Publicar un comentario