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martes, 20 de agosto de 2013

El oráculo de Taita Viejo (Continuación)

Cundo y el Oráculo. Capítulo 11
Miren, no es na, pero van a tener que soltarlo. Dice Taita Viejo que las chicharras le señalan a brujas la frontera de la vida y la muerte. Dice que las brujas oyen sus cantos porque son sus criaturas predilectas y porque sus chirri-chirri recordados durante la noche, les indican los puntos hasta donde deben llegar en sus paseos nocturnos. Dice Taita que si uno de estos insectos es atrapado sin invocar a los espíritus nocturnos, las brujas se pierden en los sueños de los que atraparon a su criatura. Así lo dice Taita Viejo y hasta me enseño a cazarlas y todo.Impresionados por la historia de Taita Viejo contada por Cundo, todos nos miramos en silencio. -Bueno, ¿y sabes cómo podemos evitar que las brujas vengan a martirizarnos con sus pesadillas?- preguntó Rafa al poder articular nuevamente las palabras.
-¡Pero claro!, Taita me enseño todo lo que hay que hacer y hasta las palabras mágicas- Cundo tenía la cara seria y el ceño fruncido, como para lucirse continuó.
-Buscan una estaca de marabú o de cualquier otro palo duro, afinado por un extremo. Traen una jícara con agua de lluvia recogida en una tinaja o tinajón. Ustedes deben quedarse alejados, yo voy hasta el lugar donde liberaremos al bicho y a tres pasos, más o menos, clavo la estaca y a su izquierda hago una cruz con el agua de lluvia, pero en el terreno pelao, así que debemos tener un ,machete  para limpiar el espacio. Luego de hecho todo esto hay que decir las palabras que liberan el alma de la chicharra y a ustedes de las terribles pesadillas.
Los tres estábamos pegados a la tierra sin movernos. Yo sentí que un sudor frío me corría por todo el centro de la espalda y tragué en seco, mirando a rafa.
Cundo siguió con su explicación.
-Ustedes deben dar la espalda al sitio en que yo estoy por que si miran nada del conjuro sirve.
-¿Y cuales son esas palabras mágicas?- preguntó Manolito en un hilo de voz que ni se le entendía.
-Las palabras mágicas son… este… deja ver- Cundo se daba golpes en la cabeza y nosotros impacientes y con la carne de gallina, no nos atrevíamos a interrumpirlo, hasta que.
-¡Ahhh, ya sé –dijo Cundo y con la misma, con voz aflautada y misteriosa comenzó a cantar bajito:
‘Chirle, cuchirle,
Tramparla macuí.
Bundo, Bundo,
La chicharra

La dejo libre aquí”
Continúa

domingo, 11 de agosto de 2013

EL ORCULO DE TAITA VIEJO (Continuación)


. Aparece Cundo     Capítulo10



Estábamos pasando esa especie de inventario cuando llegó Cundo, el negrito de los ojos asustados, quien al ver el insecto se puso todo tembloroso, a puntó para la chicharra y preguntó alarmado.
-Desde cuando tienen ustedes al Heraldo de las brujas?
¡Para qué fue aquello!, Manolito dejó caer al suelo la piedra de imán, al Gordo Rafa por un tris no se le caen los espejuelos y yo, que estaba contando las lentejuelas, paré en seco y mirando directamente al negrito aquel como si estuviese viendo a un fantasma real.
 -¿A quién?- preguntó Rafa luego de acomodarse los espejuelos.
-¡A ese bicho!- contestó el negrito apuntando para el insecto que iba y venía en su volar dirigido por el cordel del gordo -El pregonero de las brujas-
-La cogimos esta mañana y no es el pregonero de ninguna bruja, tú, es simplemete una chicharra.
-íSí!, yo lo sé, pero ¿cómo la cogieron?
-¡Ven acá!- respondió Manolito -¿Tú nunca has cogido una chicharra?
-¿Sin hacer el conjuro?- seguía preguntando Cundo.
-¡Ahhhh!, ¿Pero de qué habla este tipo?- Pregunté mirando para mis socios y continué- ¿qué conjuro ni qué na, la cogimos, la atamos a un hilo ¡y ya!
-¡ Huyuyuyuyyy! En qué clase de lío se han metido ustedes, no van a poder dormir tranquilos- Cundo se limpio las manos en el short, como si la tuviera sucia y se sentó junto a nosotros, bajo el frondoso árbol
(Continúa)







viernes, 2 de agosto de 2013

AQUELLOS NIÑOS QUE SOMOS (EL ORÁCULO DE TAITA VIEJO)





El heraldo de las brujas Capítulo 9

Semanas después de encontrar a Jalisco, el terror del barrio, el campeón en natación y saltos de carambolas, tieso y lleno de hormigas, estaba con el Gordo Rafa, y Manolito, debajo de una mata de caimitillo[1] cerca del tejar de los Yáñez, pasando balance al tesoro que habíamos recolectado durante toda la semana. Dicho tesoro nos haría llamar la atención entre las chiquitas del aula y pasaríamos a ser los chicos raros y envidiados por los demás.
Teníamos, entre otras cosas:
  • Un botón de nácar pequeñísimo
  • Los dos colmillos del perro jíbaro que merodeaba por nuestro pasadizo secreto
  • Lentejuelas verdes, rojas y azules.
  • El esqueleto completo de una lagartija
  • Una piedra de imán
Y algo que nos convertiría de una vez y por todas en los chicos importantes de la escuela, una
chicharra[2] que cantaba lindo, atrapada por el Gordo quien la traía atada por un cáñamo y la hacía volar por encima de nosotros.



[1] Caimitillo.- Árbol sapotáceo de Cuba, tropical de madera dura y pesada oscura su fruta es pequeña de color púrpura cuando se madura.
[2] Chicharra.- Es el nombre vulgar de los  cicádidos, Las cigarras pueden vivir tanto en climas templados como tropicales. Tienen un desarrollo vital completo que dura de 2 a 17 años, según la especie.