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jueves, 7 de junio de 2012

Análisis literario de la Novela Histórica "Los Fantasmas del Tequendama"


Un libro del poeta y editor colombiano Joseph Berolo
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 Graciela Nasif (Argentina)

Al decir del Jurij Tynianov (Theories de la littèrature. Paris, Aux Editions du Senil 1965)... "cada obra de arte representa la interacción compleja de numerosos factores", sólo mediante una integración de los más importantes criterios de acceso se logrará el más amplio despliegue de los componentes y, por ende, el más profundo conocimiento de la obra".
Raúl H. Castagnino
Bs. As.. Agosto., 1974


2011. Octubre colombiano, florecido en paletas de aromados pétalos multicolores, bañado sutilmente en fresca lluvia, gotas cristalinas navegantes... descendidas de los cielos, audaces visitantes de las mojadas enaguas que revisten las veredas, de la Bogotá antigua, de la cosmopolita ciudad actual Nos deslizamos entre las callejuelas que nos cobijaron un día entero, nosotros... el autor y su analista, el amigo y la amiga... los admiradores devotos de tiempos inmemoriales, impregnados del misterio de La Candelaria, rastreadores de un pasado histórico plasmado en cada moldura, en cada desnivel de su empedrado, adentrados en los recovecos escondidos de una ciudad que atesora la magia literaria, de la trama de esta historia.
Mi privilegio, y reconozco que a pocos les ha sido dado tanto, en un solo día de mutua compañía... fue conocer, paso a paso, con la guía sabia del autor, todos los lugares por donde transitaron los personajes que encontramos en esta novela. Saqué fotos, escuché una y otra vez las vicisitudes de la vida de los personajes... el cómo... el cuándo y el por qué, de cada suceso narrado. También el dónde y con quién...y sin darnos cuenta... de pronto nos convertimos en dos personajes más, capturados por el realismo mágico que nuestro paseo acentuaba.
Conocí pues, "in situ" el escenario donde transcurre la trama de esta novela histórica llevada adelante por un poeta de valía internacional, el eximio Poeta y Escritor Joseph Berolo; por tanto, considero que esta situación de privilegio, facilitará mi tarea respecto de su análisis literario; retratando al pasar al creador de "Los Fantasmas del Tequendama", a quien hoy presento a través de su obra, reflejando con su espejo de palabras y absoluta maestría, la sociedad colombiana en uno de sus más críticos momentos político-sociales.
Del brazo de Joseph recorrimos la Bogotá de hoy, entrando por la puerta entornada del pasado. Allí me extasié contemplando la Casa del Florero, mientras mi amigo desgranaba la historia sucedida entre sus vetustas paredes. Me emocioné ante la magnificencia lustrada por el paso del tiempo de su Catedral, con sus retablos de época, sus luces de caireles que nos retrotrajeron a esa Bogotá considerada la Atenas de América. Y por supuesto... temblé ante la Puerta Falsa, que quiebra el aislamiento impuesto por las sacras paredes, para abrirse en la novela a un pasaje trágico, que determinó el quiebre de esperanzas y anhelos de dos personajes indefensos en su inocencia de la vida; inmersos en su personal mundo de amor. Indudablemente influenciada por la ya mencionada magia adoquinada de las calles citadinas de Bogotá, me impregné en La Candelaria del misterio, del terror de aquellos días, en que la paz se buscaba entre las llamas abrasadoras de los incendios y el tronar de los cañones, que alfombraban de muertos, las céntricas calles colombianas.
Entré de lleno en la trama de esta novela que hoy estudio, tal como antes anticipara, de la mano del autor, visitando cada lugar de los hechos en ella sucedidos. Libro en mano, almorzamos leyendo pasajes de la obra, que se entremezclaron con la paella que nos remontaba a tiempos idos, en los senderos del tiempo. Allí, mirando caer la lluvia detrás de los antiguos cristales de la vieja casona, tornada restaurante típico, nos volvimos protagonistas de los hechos sucedidos... Cruzamos comentarios, descubrimos semejanzas; y en un momento dado... supimos que en puntas de pie la Historia, se sentó a nuestra mesa.
Volviendo al libro de marras, ya desde la tapa se enmarca la tragedia contenida entre sus páginas, presentando el incendio y el horror que dieron origen a los Fantasmas del Tequendama. En la solapa del libro su autor ha escrito palabras reveladoras de misterios y tormentas personales. Para luego acotar "Esta es una obra de ficción basada en hechos verídicos". Como suele decir Joseph... sobre este tema, no más palabras.
Aunque me cabe agregar que, por la pulcritud de su estilo y la sostenida acción desarrollada en cada una de sus páginas, esta obra es digna de ser llevada a la pantalla grande, porque es un tapiz inmenso... entretejido con urdiembres que retratan una época pasada, un fragmento vivo en la memoria de la historia colombiana.
Por mi parte, confieso que a pesar de lo mucho que he leído, durante la mayoría de años de mi vida, desde el primer momento quedé atrapada por "Los Fantasmas del Tequendama". Vale decir que, en apariencia, automática y personalmente me estoy eliminando como analista objetiva de la obra de mi querido amigo. Nada más alejado de la realidad. Llevo años a mis espaldas creando Ciclos de Conferencias sobre amigos y desconocidos; tomando distancia de mis afectos, estudiando cada día algo nuevo, enriquecedor sobre todo para mí, pero que ofrezco desinteresadamente a quien lo necesite. Puedo entonces decir, con absoluta sinceridad que "Lo cortés no quita lo valiente". Va pues mi objetivo análisis literario, donde la amiga da paso a la visión profesional sobre la obra.
"Los Fantasmas del Tequendama" es una de esas obras que nos hechizan desde la primera página. El vértigo arrollador de las secuencias relatadas tiene el misterio de un realismo mágico que se apoya en los hechos sucedidos, pero nunca olvida el sortilegio de lo absurdo mezclado con la magia cotidiana. Y así, desde el comienzo... contemplamos el extraño ritual de un personaje que espera el alba, enancado en la estatua de Simón Bolívar que destaca desde el centro del poblado adormecido.
Año 1930... Matilde Cienfuegos...Personaje feroz, verdadero clon de Machiavello, endemoniada mujer que deja a su paso una estela de tragedias y dolores que envuelve y transforma la vida de los demás personajes, de quienes mueve los hilos de sus destinos, cual si fueran débiles marionetas en sus enloquecidas manos.
El resto de la novela... lo dejo al lector. Hice un esbozo preliminar de su trama, una simple presentación del inicio, donde irrumpe en escena el personaje que ha de digitar los destinos de todo aquel desprevenido que se ponga al alcance de sus infames maquinaciones. Corresponde ahora un análisis específicamente literario, para apreciar la obra en todo su valor.

La fluidez lingüística nos habla de una razón estructural muy bien pergeñada como factor desencadenante de un texto ágil y de entretenida lectura. El autor nos lleva de la mano por la historia colombiana a través del contenido rico en sucesos verídicos, que apoyan la trama.
Hay una continua ubicación espacio-temporal que, a la vez que impide dudas, obliga a compenetrarse con todos y cada uno de los episodios que revelan las angustias y alegrías de sus personajes. Los caracteriza claramente; logrando que el lector tome partido por unos y aborrezca a otros. Tan es así que nos descubrimos ansiando proteger a Mío con la misma desesperación que esperamos ver desaparecer, en un recodo de la selva, a la sádica Matilde Cienfuegos; personaje que lleva por corazón una obsidiana repleta de rencores y anhelos reprimidos, transformados en odios y en tortuosas, incestuosas relaciones.
Entre los personajes esta dualidad amor-odio, tan común en la vida diaria, es una constante. Esto mantiene en vilo, porque los sucesos se encastran unos a otros con una coherencia perfecta; dando además la necesaria cohesión al texto, rico en su precisión lingüística, diseñado y armado a través de la fluidez de las palabras, de las oraciones, de los párrafos.
En esto tiene suma importancia el pensamiento claro del autor. Joseph Berolo sabe lo que quiere escribir y cómo hacerlo. El resultado está a la vista. Los Fantasmas del Tequendama ya deambulan por las calles bogotanas, y no debería sorprendernos si a la vuelta de una esquina nos tropezamos con un intangible Mío, huyendo de la horda incendiaria, o vislumbramos el paso fantasmal de los amantes Giuseppe y Magda, por la Puerta Falsa.
La realidad interior del autor está intrínsecamente ensamblada con la realidad ficticia que crea con palabras. En cada libro hay mucho de quien lo ha diseñado, armado, imaginado, sufrido... y finalmente parido. Escribir un libro no es tarea fácil, hay que bucear en las más recónditas soledades del alma para resurgir desde allí portando la Luz de la Palabra. Y todo eso cuidando de no dejarse llevar por las improntas personales.
Joseph Berolo supo hacerlo muy bien. Desde el inicio hasta el final, su novela brilla con estilo propio. El ojo avezado no puede dejar de encontrar en cada página la claridad, la concisión, la sencillez, la naturalidad, la objetividad y la originalidad. Factores estos imprescindibles para que podamos definirlo como un escrito digno de ser nominado "buen estilo literario". Las acciones rápidas, que se suceden en los distintos capítulos, apenas separados por sugestivos espacios, eliminan al peor enemigo del estilo: la lentitud.
Al decir de Gonzalo Martín Vivaldi (Teoría y práctica de la Composición y del Estilo. Editorial Thomson-Parafino 33 edición, 6º reimpresión 2007):
"Claridad no es superficialidad; ni concisión, laconismo; ni sencillez y naturalidad significan vulgaridad, plebeyez, ordinariez, en una palabra"

Joseph Berolo ha conseguido lograr en su novela "Los Fantasmas del Tequendama" esa "difícil facilidad", suprema aspiración de todo escritor. Tal como decía Cicerón: "Hay un arte en parecer sin arte" y Joseph lo domina ampliamente.
Imposible, además, olvidarnos de Voltaire, cuando expresa: "Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento". No puedo señalar en esta novela una sola palabra mal colocada, como así tampoco una que falte, u otra que sobre.
Por supuesto, como en toda buena novela, que se precie de serlo, vamos a disfrutar de diálogos y descripciones. Los primeros cumplen la premisa establecida para su optimización: son naturales y significativos, escritos en un estilo directo que a la vez nos pinta al personaje hablante. Se reproduce en ellos lo que es sicológicamente revelador de la semblanza de cada personaje.

Los titubeos de la expresión, por ejemplo, sirven para delinear mejor al personaje presentado. Tal el caso del diálogo brotado de labios de Lucindo Certero, personaje secundario, de personalidad desvaída, cuando entre puntos suspensivos intenta domeñar su natural pobreza mental para relatar el ataque sufrido por Amadeo Cienfuegos, interrumpido su descanso por la horda que lo llevó a la muerte.
En la expresión salvaje de la atormentada Matilde Cienfuegos el diálogo llega a la cumbre del apasionamiento, entre frases puntualizadas con signos de puntuación tan adecuados que son hierros candentes, subrayando las explosiones verbales del malévolo personaje femenino que representa.
Y el desenlace no deseado, pero preanunciado... la locura del trágico amor entre Marga y Giuseppe, inmortalizada en susurros de amor, en clamores desesperados pre anunciantes de una determinación espantosa...en la más oscura de las noches del alma, del amante aislado.
Volvamos ahora a las abundantes descripciones que nos ubican en los escenarios naturales de pueblos y florestas, cuando no de selvas impenetrables, cobijo de almas sedientas de sangre y de venganza... tanto como en habitaciones de época, vislumbradas en las penumbras, o a la luz implacable de los días sin sosiego de sus habitantes. Allá donde van los personajes, la pluma hábil de Joseph nos pinta una acuarela descriptiva, que nos introduce de la mano, para que nos incorporemos a ese mundo tan especial donde nunca dejan de sobrevolar "Los Fantasmas del Tequendama".
Dice Hamlet: "Una descripción es UN CUADRO".

¡Cuántos cuadros podemos admirar en esta novela! Hay a la vista una verdadera galería pictográfica! El personalísimo punto de vista del autor es tan universal, en su abarcadora de la realidad, que en cada descripción nos sumergimos como parte integrante de todo lo que allí se plasma. Hay desde el autor una observación previa, un ensamble de sus vivencias personales y de sus propios fantasmas, tan bien logrado que cumple al pie la remisa de A. Albalat, quien asevera: "Cuando una descripción no resucita materialmente las cosas, es que no se han visto o que el artista no supo verlas".
Las sensaciones que nacen de las descripciones en esta obra son fuertes. No hay detalles acumulados, sí llamativos, enérgicos y definitivos. En una palabra, la reflexión y el plan de trabajo de Joseph Berolo formulan un orden lógico que es imprescindible en la fluidez de la lectura de su novela.
Y concluyamos este análisis literario de Los Fantasmas del Tequendama, con unas breves líneas dedicadas a esta novela desde el punto de vista de la narración, en su conjunto globalizado.

Esta obra es tan rica en personajes, ubicación histórica de la trama, descripciones vivenciales, paisajes reflejantes de la tensión del momento que transitan los personajes, que resulta muy difícil sustraerse a su encanto y no explayarse en todos y cada uno de los muchos capítulos a disfrutar. Pero... el respeto al lector urge al silencio. Cada quien debe sentir por sí mismo la tensión y la urgencia lectora que les dicten las páginas, desde sus palabras impresas. La concisión en mis apreciaciones literarias es un deber y una obligación, impuestos por el criterio de la lógica.
Por lo tanto, presentaré mi opinión personal sobre la obra de tan digno autor y luego cerraré, confieso con pesar, esta página de mi vida en que habité La Candelaria, acompañada por los legendarios Fantasmas del Tequendama, en la voz y la compañía de mi querido amigo Joseph Berolo.
Esta novela histórica posee los ingredientes necesario para ser plato principal en "La cocina de la escritura" ( Libro de Daniel Cassany, Editorial Anagrama, 1993). Bien dicen, además Balzac y Dostoiewsky, "maestros consumados en esta tarea de descubrir el alma humana" (G.M.Vivaldi): Balzac se mete en el personaje definiendo su intimidad con sólo cuatro trazos firmes, que en su inicio ganan la atención del lector.
Dostoiewsky, precursor de Freud, y por ende maestro en el buceo del alma humana, hace gala de insuperable maestría en la pintura de personajes que luego se vuelven, por la habilidad de su pluma "tipos universales básicos de personajes".==Completo mis mosaicos con la expresión de Ortega y Gasset: "Contra lo que al principio pudo parecer, no es tanto la creación de lo individual (...) como la creación de tipos genéricos más profundos, lo que constituye el verdadero talento del novelista".
Los personajes de la obra analizada están enmarcados en los principios básicos que les confieren calidad de personajes universales, no es necesario decir más al respecto, los personajes se destacan por sí mismos, sin necesidad de que sea yo quien lo haga. Cierro el mural, que he construido con palabras, agregando que he basado mi análisis literario en mis continuos estudios sobre el tema, en obras de reconocido prestigio y en autores de indudable valor literario universal; es así como he aplicado en mi trabajo, respetuosamente, algunos consejos de buen gusto literario, dados por Voltaire a Monsieur de Cideville en carta fechada 1733:..."Si me atreviera a darle un consejo, sería el de ser sencillo, y que urdiera Ud. su obra de modo muy natural, muy claro, para no obligar demasiado la atención del lector" (...)..."Vaya derecho al grano y no diga más de lo preciso" (...)..."Escribir para el pueblo no significa dirigirse a una determinada clase social. Significa - y así lo ha dicho Machado- escribir para el hombre."
..."El destinatario de la creación literaria, el lector, necesita que se le hable en tono humano... y a quien hay que contarle nuestro relato no es a éste ni a aquel individuo, sino a todos los hombres."

..."El estilo narrativo, así concebido, es uno de los secretos o claves del éxito de los grandes narradores" Joseph Berolo... gran Poeta y Escritor de valía internacional reconocida por los eruditos que disfrutan de sus obras... Amigo, tu novela histórica "Los Fantasmas del Tequendama" cumple los cánones impuestos desde siempre en el mundo literario para que se vuelva, apenas nacida y entregada al gran público, obra maestra de la Literatura Universal. Como tal, ha de trazar surcos legendarios, en la literatura de tu Patria y del mundo entero.


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