AQUELLOS NIÑOS QUE SOMOS (Continuación)
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AL RÍO.

Planeamos ir el próximo sábado a bañarnos al río Tínima . Al principio mamá se oponía, pero al conocer que también irían Rolo y Pepín, además del gordo Rafa, cedió al fin.
Esa mañana del sábado era tibia y no había nubes. El cielo estaba limpio y brillante, un día bárbaro para un chapuzón.
Nos reunimos en casa de Pepín.
Cuando llegué ya estaban allí Rolo, Pablo, Manolito. Pablo me presentó
a Cundo, un negrito de ojos grandes, como asustados, que vivía con su abuelo
por allá por la loma de Juan Caballero, cerca del tejar de los Yánez.
Cundo me pareció simpático y hasta le pasó la mano a Jalisco por la
guataca en señal de saludo. A todos nos cayó bien y con el tiempo llegó a ser
parte de nuestro grupo.
Lo sucedido en el río fue tremendo. Hay que decir que Jalisco fue el
campeón de natación, salto mortal y resistencia.
De regreso a la casa, en horas del mediodía, Jalisco le partió para
arriba a unas chivas que se encontraban pastando cerca de un monte de marabú.
Las chivas se le viraron e hicieron parar en seco al perro en su intención
canina de morderles las patas.
Oí decir a Pepín que las chivas eran muy sabrosas e invitó a Rolo a
ayudarlo para azuzarlas hacia el montecito que se encontraba como a cincuenta
metros de donde estábamos nosotros y se perdieron con ellas, no sin antes
decirnos que los esperáramos. Siempre pensamos que nos traerían un buen pedazo
de carne, para nosotros también disfrutar de las chivas.
A los diez minutos vimos a Pepín y a Rolo salir de entre el monte aquel como si fuesen papalotes “a bolina” y detrás de ellos, con una gran estaca en las manos, a la vieja Lola, la gallega dueña de los animales, gritándoles.
A los diez minutos vimos a Pepín y a Rolo salir de entre el monte aquel como si fuesen papalotes “a bolina” y detrás de ellos, con una gran estaca en las manos, a la vieja Lola, la gallega dueña de los animales, gritándoles.
-¡Asquerosos!, ¡sinvergüenzas!, ¡desgraciados!, ¡mira que hacerle eso
a mis chivas!
Nosotros, al ver aquello, también comenzamos la estampida. Rolo y Pepín,
pasaron por nuestro lado como almas que se llevara el diablo.
Mucho tiempo viví intrigado por aquella acción de mis amigos porque la
vieja Lola, cada vez que pasaba por mi lado, me viraba la cara diciendo
“¡asquerosos!”.La vida y el tiempo, me hizo perder la inocencia y saber la verdad de todo.
(Continúa la próxima semana)
En el próximo capítulo el protagonista sufrirá su primera experiencia dramática de su vida y verá volar las picualas.
Me resulta agradablemente narrado, amigo.
ResponderEliminarAbrazos